El valor económico de lo anticatalán, de Manel Pérez en La Vanguardia

LA VENTANA INDISCRETA

No sería estrambótico pedir que en alguna de las farragosas fórmulas que se utilizan para el nuevo cálculo de los ingresos de las comunidades autónomas se incluyera también la catalanofobia ponderada. Es decir, igual que se incorporan en distinta proporción la población, la superficie, la dispersión geográfica y la insularidad, siempre en términos positivos para la comunidad receptora, se podría dar un valiente paso adelante e incluir el índice de rechazo a lo que proviene de Catalunya, por ese mero hecho.

Sumaría ingresos en el caso de la comunidad que agite con convencimiento el espantajo y los reduciría en el caso obvio de Catalunya o de cualquier otra comunidad que coincidiese con su posición. ¿Y cuál sería su peso en este nuevo modelo? ¿Cuál sería su valor?

Vayamos por orden. En el mercado político, la exhibición de lo anticatalán está a la baja. De hecho, tras el abuso de la cosa durante la última década ha acabado movilizando tanto el voto catalán que ha sido contraproducente para sus propios promotores. Incluso les ha costado el poder. Tan es así que ahora sus esperanzas se fundan más en que los electores catalanes se cansen y no acudan a las urnas. Para que eso pueda ser así, no es aconsejable sacar de nuevo el paso de procesión. Probablemente el anticatalanismo como argumento político está en el momento más bajo de la última década. (Y esperemos que así siga.)

Desde este punto de vista, su ponderación sería muy baja en relación a sus momentos de apogeo, aunque eso no impide que siga siendo importante.

En esta ocasión, la explotación del tópico ha quedado casi exclusivamente en manos de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y su desmedido consejero de Economía, Antonio Beteta, el de “un catalán vale lo que dos madrileños”.

Aguirre ha hablado más claro y más alto incluso que el líder del PP, Mariano Rajoy, mucho más cauto, y también ha mostrado su agravio por lo que considera una injusticia con su comunidad. Pero su idea ha sido cristalina. Primero unas caricias y luego unas antológicas referencias a lo mal que gastan el dinero los catalanes (”abriendo embajadas”). Una reacción que viene de la política pero va hacia la realidad de la crisis económica y la lucha por el reparto del pastel.

Quien nos iba a decir que Aguirre, que presumía de liderar la comunidad más dinámica de España y que alertaba a los catalanes contra el vicio victimista, iba a acabar clamando contra la falta de dineros del Estado y el olvido hacia lo suyos del Gobierno central. ¡Cuidado con instalarse en la rivalidad de patria chica y el estrecho provincianismo que tiene como medida universal la comparación con el vecino! Puede tomar lecciones en Barcelona.

Sigamos con el cálculo del valor del anticatalanismo después de comprobar que en lo político, aun teniendo trascendencia, va de baja. Queda la influencia económica. Será necesario mencionar algunas cifras para ver la dimensión de lo que nos llevamos entre manos. En primer lugar, los famosos 11.000 millones que el Estado aporta adicionalmente al sistema. La financiación de todas las comunidades suma cada año, en cifras redondas, unos 100.000 millones de euros. Por lo tanto, la nueva cantidad inyectada por el Estado, en el 2012, representa poco más del 10% del conjunto del sistema.

Sigamos. Si de esos 11.000 millones, Catalunya recibe unos 4.000 millones más o menos (ya saben que no hay cifra exacta consensuada), debemos recordar que esto representa un 4% del conjunto de la financiación autonómica y son 2.000 millones menos que el coste de la T4 de Barajas. Así se entiende que haya muchos que se pregunten si valía la pena. Sobre el presupuesto anual de la Generalitat, de unos 30.000 millones de euros, el porcentaje es del 13%. Más significativo es su impacto sobre los ingresos tributarios de la Generalitat (los propios y los cedidos), algo más del 25%. Eso cuando vuelvan los años buenos y la crisis sea cosa del pasado. Mientras, el nuevo sistema estará por debajo de los años buenos del viejo.

Ha habido menos ruido que en otros momentos, pero la influencia del anticatalanismo en la política económica española y en la financiación autonómica sigue siendo muy alta. ¿Qué tal una ponderación negativa equivalente a la de la población, un 30%?

Publicado por Reggio’s

19 Julio, 2009, a las 11:08 am

Quant a El Cau del Llop

Vaig néixer a Manlleu -Osona- un dilluns 5 d’agost de 1940, tot i que en el “Libro de Família” hi consta el dia 8 en lloc del dia 5, coses dels registradors d’aquella època, ara visc a Sabadell -Vallès Occidental-. He estudiat, he treballat, (això es historia passada i forma part de la meva vida anterior) i ara no importa ni el què ni ha on, estic feliçment casat i enamorat de la meva família, soc pare de tres fills i avi de vuit nets, exerceixo de Jubilat a plena dedicació i procuro gaudir d’aquest moment. Si veieu que el meu nom d’usuari es El Cau del Llop no es per amagar-me de res, ben al contrari, ho es per la senzilla raó etimològica de l’origen del meu cognom (mal escrit, es ben cert), però una llobera es un cau d'un llop. I com dic a la capçalera del bloc, A la recerca de valors… , i també perquè es una finestra oberta al mon que em permet participar-hi, sense interpretacions d’altres que m’ho impedeixin.
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