Repugnancia y rabia, la reacción de una víctima a la carta del Papa

Berlín. (dpa) – Lo primero que siente es repugnancia. Después viene la rabia. Stefanie Schneider no calla cuando se le pregunta sobre los abusos sexuales en la iglesia católica. Lo sufrió en carne propia, durante diez años, por culpa de curas en la diócesis de Münster, una de las zonas más católicas de Alemania.

Con la carta pastoral que el papa Benedicto XVI divulgó este fin de semana sobre el tema de los abusos sexuales en la iglesia católica de Irlanda, la ira de Schneider se multiplicó. No entiende lo que el Papa quiere expresar al decir que “lamenta profundamente” los abusos.

“¿Eso es todo lo que tiene que decir? ¿Que lamenta lo que hicieron los curas irlandeses en el pasado y nada más? Stefanie Schneider está consternada. Apenas si pudo dormir la última noche. Tuvo que pensar en que hoy los niños siguen tal vez tan desamparados como antes, con el mismo peligro de sufrir vejaciones como las que sufrió. “Estos hombres viejos y fríos de la Iglesia católica no quieren cambiar en nada las estructuras de su Iglesia, sobre todo nada en su visión de lo que creen que es sexualidad”, piensa Schneider, una mujer de unos 40 años.

Su identidad real es otra, la oculta. No quiere leer su verdadero nombre en los diarios. Sus padres siguen viviendo en la ciudad en la que creció y en la que vivió los horrores. Un bastión del catolicismo conservador en el que los curas siguen gozando de autoridad y reconocimiento. El hombre que abusó de ella, que la besaba con frenesí y la obligaba a acostarse con él en el sofá, es hoy ciudadano ilustre de la ciudad.

Los sufrimientos empezaron cuando tenía diez años, era habitual que el cura visitara la casa. Escuchaba música clásica con la madre, una vez le trajo un regalo, una cadenita de oro de la que pendía un crucifijo.

El cura la invitó a que lo visitara en su vivienda. ¿Acaso no se deberían haber dado cuenta los padres de lo que iba a pasar? “No, era un hombre de la Iglesia. La Iglesia era para mi madre el único sostén espiritual que le había quedado después de la guerra”, explica Stefanie.

El cura de su niñez solía tener un vaho de alcohol. Hasta que un día la besó por primera vez. Quedó paralizada, estupefacta. Se repitió muchas veces. Un día se lo contó a la madre. Ella le dijo: “No vayas más”. Pero jamás le dijo que el cura había cometido una injusticia, un delito.

Stefanie Schneider no puede apagar la radio o la televisión, dejar de lado el periódico cuando el tema es el abuso sexual de menores en la iglesia. Desde que la ola de denuncia empezó a crecer y no dejó de parar en las últimas semanas, sigue de cerca las reacciones de la iglesia oficial y sus jerarcas. Y eso la llena de repugnancia y rabia.

“En Estados Unidos pagaron indemnizaciones, por lo de Irlanda hubo un ‘lo lamento’, para nosotros en Alemania, sólo silencio”, comenta la mujer la carta pastoral de Benedicto. “¿Cuáles son las heridas que el Papa realmente quiere que cicatricen? ¿Las de los niños? ¿O es que quiere salvar la imagen del catolicismo?”. “Lo que falta a mi entender es reconocer que el abuso sexual masivo de menores en la Iglesia católica es consecuencia directa de las estructuras mismas de la Iglesia”, explica. “Y es parte del sistema el querer ocultarlo”. No quiere que el Vaticano le pida perdón, no le resultaría creíble. “La Iglesia se está pudriendo por dentro”. Quiere que la Iglesia católica revise la imagen que tiene del ser humano.

Stefanie Schneider cree que lo que sufrió como niña fue determinante para su propia sexualidad. Hizo varias terapias para tratar de sacarse de encima el rol de víctima que asumió durante muchos años. “No quiero que me destruyan la vida”, De niña deseaba que la madre le pegara a todo cura que besaba. A los 16 años volvió a ser besada por otro hombre, durante un campamento juvenil. Otra vez fue un cura, el padre de la parroquia.

Stefanie volvió a contárselo a la madre. Esta vez la respuesta fue: “Te lo buscaste”. Ya no volvió a resistirse. Se resignó a aceptar al cura, 20 años mayor que ella, como una especie de padre que no había tenido, y amante al mismo tiempo. “Llegué a ser dependiente de él”, dice hoy, y narra que fue él el que determinó sus estudios posteriores.

Esas experiencias determinaron su relación con los hombres. “Había desarrollado un filtro especial para los hombres, parece que atraía a aquellos del tipo vejador”. Un amigo, mucho después, la violó. Empezó a realizar terapias. Hoy es muy reservada hacia los hombres. Vive sola, hubiera querido tener hijos. “No pudo ser”, dice.

Quant a El Cau del Llop

Vaig néixer a Manlleu -Osona- un dilluns 5 d’agost de 1940, tot i que en el “Libro de Família” hi consta el dia 8 en lloc del dia 5, coses dels registradors d’aquella època, ara visc a Sabadell -Vallès Occidental-. He estudiat, he treballat, (això es historia passada i forma part de la meva vida anterior) i ara no importa ni el què ni ha on, estic feliçment casat i enamorat de la meva família, soc pare de tres fills i avi de vuit nets, exerceixo de Jubilat a plena dedicació i procuro gaudir d’aquest moment. Si veieu que el meu nom d’usuari es El Cau del Llop no es per amagar-me de res, ben al contrari, ho es per la senzilla raó etimològica de l’origen del meu cognom (mal escrit, es ben cert), però una llobera es un cau d'un llop. I com dic a la capçalera del bloc, A la recerca de valors… , i també perquè es una finestra oberta al mon que em permet participar-hi, sense interpretacions d’altres que m’ho impedeixin.
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