Pujol, Cataluña y España

http://www.abc.es/20100702/opinion-la-tercera/pujol-cataluna-espana-20100702.html 02/07/2010

La gestión llevada a cabo por los gobiernos socialistas del señor Rodríguez Zapatero en relación con Cataluña puede calificarse de lamentable.

El excelente y habitual columnista de ABC Valentí Puig publicó el domingo día 20 de junio en este periódico una muy interesante y, a mi juicio, grave entrevista con el ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol. Decir que Jordi Pujol representa lo más serio, lo más cuajado y coherente del nacionalismo catalán, es no decir más que la verdad y lo que casi todo el mundo sabe y admite como cierto. Por eso sus pensamientos y sus palabras deben enjuiciarse con la importancia que revisten.

El conjunto de sus manifestaciones, leídas con atención, deja claro, para cualquier observador alerta, lo que puede ser el núcleo esencial de la doctrina del nacionalismo catalán para los tiempos venideros. Para ayudar al lector a centrarse en lo sustancial de sus propuestas, permítaseme resumir en algunos enunciados el contenido principal de sus manifestaciones.

1. Para Pujol, Cataluña y España son dos realidades bien distintas.

Esta afirmación se deduce de dos de sus respuestas a Valentí Puig. La primera, cuando dice que «Cataluña no es solo una comunidad autónoma, sino realmente un país», y cuando añade a continuación: «No acepto el proyecto altamente centralista y homogeneizador que ahora quiere imponernos España». Para concluir declarando: «La oferta de incardinación en España que se nos hace significaría la dilución de Cataluña a cuarenta o cincuenta años vista. O sea que, a mi entender, hay que rechazarla totalmente». Pujol, con estas declaraciones, se enfrenta de manera flagrante a los postulados fundamentales de nuestra Constitución, apartándose de lo que realmente supone la España de las Autonomías. Para él, Cataluña no es una comunidad autónoma más, es un país, y no dice textualmente que es una nación, aunque naturalmente lo piensa; y, por tanto, es una realidad aparte y distinta de España, con la que pretende entenderse de tú a tú y llegar a un acomodo que a los nacionalistas catalanes les resulte satisfactorio.

2. En relación con las propuestas independentistas que hoy recorren el territorio de Cataluña, el astuto y viejo timonel de la política catalana se manifiesta, como es habitual en él, con una calculada ambigüedad. Y así, afirma: «A la propuesta independentista no me adhiero, pero no la critico, porque no estoy en condiciones de defender una solución de concordia, de respeto mutuo y de progreso común». Es decir, sin proclamarse independentista parece ver bien y razonable que otros lo sean. Además, dice que está poco interesado en defender una solución de concordia y de progreso común. Por tanto, lejos de rechazar las consultas a favor de la independencia, considera admisible que existan y da en el fondo razones para su legitimidad y puesta en escena.

3. Por último, y en relación con la sentencia del Estatuto de Cataluña, considera que en todo caso será un fracaso, pues, según manifiesta, «será una sentencia absurda, repleta de contradicciones». Y para finalizar, añade: «Lo que propugno es una acción catalana de fortalecimiento en todos los terrenos, pero sin asumir el compromiso de un proyecto común». En definitiva, lo que argumenta Pujol es que hay que seguir fortaleciendo Cataluña sin asumir ningún compromiso con el proyecto común, es decir, con lo que él llama España. En definitiva, digo yo, seguir reclamando lo que Cataluña viene demandando desde hace treinta años, esto es, más dinero, más competencias y más inmersión lingüística, bajo la apariencia de prestar su apoyo a la gobernabilidad del Estado, como les gusta decir generalmente a los dirigentes de Convergencia de manera habitual.

El siguiente objetivo, a no dudar, será pedir un concierto económico para Cataluña igual al concierto vasco, ya que, si el País Vasco disfruta de un concierto económico, ¿por qué nosotros no lo vamos a tener también?, parece defender Artur Mas en algunas de sus más recientes declaraciones. Pues bien, a mí me parece entendible que los nacionalistas catalanes aspiren y piensen de esta manera. En el fondo, ellos quieren y ansían la independencia dentro del marco europeo, y España, como ellos dicen, es un obstáculo permanente para ese propósito. Un sector del nacionalismo defenderá ese programa abierta y frontalmente, mientras que otro sector que pretende lo mismo considera que la táctica debe ser otra, más oblicua y más taimada, más gradual y más pausada, para no despertar excesivos recelos ni manifiestas sospechas. Pero a la altura en que nos encontramos, y después del tiempo transcurrido, solo los ignorantes o los miopes podrán negar una realidad palmaria cien mil veces puesta de manifiesto, a saber: el nacionalismo catalán en su conjunto, pero con un reparto inteligente de papeles, trabaja día a día en pro de la independencia. Lo que ya no me parece tan razonable es que los que pensamos y defendemos que Cataluña es una parte entrañable e irrenunciable de esta vieja nación que es España no tengamos los arrestos democráticos para defender como es debido, sin complejos y a cara descubierta, nuestra posición, pues yo me pregunto: ¿por qué va a ser más democrático y más progresista tolerar las ínfulas independentistas de una minoría del pueblo catalán, mientras se tacha de reaccionaria y poco democrática la posición de aquellos que queremos defender la unidad de nuestro país tal y como la consagra nuestra propia Constitución?

¿No habría, pues, que advertir muy seriamente, en este sentido, a los dos partidos nacionales en relación con los guiños negociadores y los flirteos que por lo común practican con el nacionalismo catalán en sus diferentes versiones? Se me dirá que la aritmética parlamentaria obliga las más de las veces a ello, pero, siendo esto tal vez cierto, cabría pensar que en esta cuestión la competencia ciega y absurda entre los dos grandes partidos nacionales tendría que encontrar otras vías de solución.

Los que estuvimos en el período constituyente creímos que nuestra Constitución y el Estatuto de Sau serían respuestas más que satisfactorias para el encaje y normal funcionamiento de Cataluña dentro de España. Hoy observamos con decepción no exenta de amargura que los esfuerzos de entonces no han servido para calmar la insaciable vocación reivindicativa de las fuerzas nacionalistas, que, por lo que hemos podido comprobar, necesitan de esa permanente reivindicación para justificar su razón de ser y asegurar su sustento político.

Las cartas están sobre la mesa. La gestión llevada a cabo por los gobiernos socialistas del señor Rodríguez Zapatero en relación con Cataluña puede calificarse de lamentable. El nuevo Estatuto, según asegura el propio Pujol, no servirá más que para aumentar la confusión y la frustración, mientras España, añado yo, continúa deshilachándose y el mal ejemplo catalán se extiende por otras comunidades autónomas poniendo en riesgo la necesaria cohesión de nuestro país. El señor Rajoy, como principal candidato a ocupar la Presidencia del Gobierno, en caso de ganar las próximas elecciones, debería tomar buena nota de ello, a menos que le preocupe más llegar a La Moncloa que asegurar la unidad y la estabilidad de España en su conjunto.

Estamos, por desgracia, en una pendiente inclinada, sin que nadie se atreva a revertir la situación. Es cuestión de tiempo. Cualquier atento observador puede verificar que el sentimiento independentista en Cataluña se multiplica año tras año, mientras la clase dirigente continúa mirando a otro lado por miedo a enfrentarse a esta lacerante situación. El que avisa no es traidor. De no actuar a tiempo y con energía democrática, pagaremos un alto precio.

IGNACIO CAMUÑAS SOLÍS (PRESIDENTE DEL FORO DE LA SOCIEDAD CIVIL)

Día 02/07/2010 – 04.53h

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.

Quant a El Cau del Llop

Vaig néixer a Manlleu -Osona- un dilluns 5 d’agost de 1940, tot i que en el “Libro de Família” hi consta el dia 8 en lloc del dia 5, coses dels registradors d’aquella època, ara visc a Sabadell -Vallès Occidental-. He estudiat, he treballat, (això es historia passada i forma part de la meva vida anterior) i ara no importa ni el què ni ha on, estic feliçment casat i enamorat de la meva família, soc pare de tres fills i avi de vuit nets, exerceixo de Jubilat a plena dedicació i procuro gaudir d’aquest moment. Si veieu que el meu nom d’usuari es El Cau del Llop no es per amagar-me de res, ben al contrari, ho es per la senzilla raó etimològica de l’origen del meu cognom (mal escrit, es ben cert), però una llobera es un cau d'un llop. I com dic a la capçalera del bloc, A la recerca de valors… , i també perquè es una finestra oberta al mon que em permet participar-hi, sense interpretacions d’altres que m’ho impedeixin.
Aquesta entrada s'ha publicat en Catalunya, Independència, Política i etiquetada amb , , , , , , , , , , , , , , , . Afegiu a les adreces d'interès l'enllaç permanent.

Una resposta a Pujol, Cataluña y España

  1. Andreu ha dit:

    Ni ens entenen ni ho volen.
    No aconsegueixen assimilar que Espanya es plural i es queixen, dia darrer dia, que nosaltres ho fem per vocació reivindicativa, quan només ho fem per vocació de ser com som, som Catalans i Catalunya es una Nació.
    Podem ser-ho dins d’Espanya, i si no, ho serem dins d’Europa.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s